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Dr. Josep Mª Reniu Universidad de Barcelona Las Tecnologías de la Información y las
Comunicaciones (TICs) y su impacto sobre los procesos de gobernabilidad
democrática. Parto de la base que la red es muy
importante para todo tipo de actividades humanas, económicas, sociales y por
ende la vida cotidiana. Así es lógico que lo sea también para la actividad
política, para los procesos de gobierno en el seno de las sociedades
democráticas. Por otro lado, y dada la importancia fundamental que el acceso a
la información tiene en los procesos políticos junto con el hecho de que la red
es justamente (entre otras cosas) un sistema de organización y acceso a la
información, su aplicación a los diferentes procesos en los que interviene la
política está especialmente indicada, tanto desde el poder, o la Administración
Pública, como desde las relaciones de los ciudadanos con dicho poder
democrático. Efectivamente podemos constatar
fácilmente el gran número y diversidad de webs relacionadas con alguno de los
actores que en cada país intervienen en el proceso político. No obstante, cabe
señalarse frente a la interpretación reduccionista habitual, que el ámbito de
aplicación de la red a los procesos políticos en democracia no se reduce, ni
mucho menos, a la votación electrónica a través de la red; ni es quizás el
aspecto más importante o relevante, aunque aún sea el más visible. De hecho es
posible y necesario el uso de la red en un gran número de ámbitos (información
pública, comunicación con los representantes, servicios online de la
Administración Pública, formación colectiva de estados de opinión, etc.),
algunos a iniciativa (y responsabilidad) de un gobierno o de una
administración, otros dependientes del grado de interés en participar por parte
de los ciudadanos. Es precisamente esta multiplicidad de
usos de la red en política, junto con la diversidad de posiciones ideológicas
sobre su potencialidad, la que configura un panorama complejo, a menudo aún
demasiado complicado por una terminología ambigua y confusionista. Así, cuatro
grandes ámbitos de actuación de las TIC’s o del uso de la red en el proceso
político pueden ser identificados: A) La Administración Online (La red en la Administración Pública
–AP- sin participación ciudadana) B) La Democracia Electrónica (La red en la AP con participación
ciudadana) C) Ciberdemocracia (La sociedad civil reclama democracia por la
red) D) Ciberpoder (La sociedad civil pasa a la acción mediante la red) Las aplicaciones de la red a la política
según el grado de participación ciudadana. De los cuatro grandes ámbitos
anteriormente señalados, los dos primeros (A y B), corresponden a aplicaciones de la red, entorno a una web
o portal, creadas a iniciativa y responsabilidad de un gobierno o una
Administración Pública y que están encaminadas, respectivamente, a mejorar la
eficiencia de la democracia (A) y
a canalizar e impulsar la participación de los ciudadanos desde la AP (B). El tercer ámbito (C) agrupa las iniciativas en
la red, entorno a una web o portal, creadas, por un lado, por partidos
políticos o personalidades políticas y, por el otro, por la sociedad civil
(representada bien por alguna asociación, grupo de interés, colectivo o persona
individual). La característica común a todas estas aplicaciones es la de que
pretenden influir en los procesos políticos en el seno de la democracia
representativa, incluyendo también las que manifiestan el objetivo de
complementarla o superarla, hacia la democracia participativa, con
métodos de democracia directa. Finalmente, agrupamos en el cuarto apartado
(D) las numerosas y diversas iniciativas ciudadanas que utilizan
la red para formar opinión y para promover y coordinar acciones directas (en
los niveles local, nacional o internacional) para influir sobre órganos de gobierno
y de la AP y de otras instituciones de poder (económico y político) al margen
de los canales políticos institucionales, en la sinceridad y/o eficacia de los
cuales no creen. a. La
Administración Online. Con el nombre de "Government
online" o "e-Government", adoptado por diversas
instituciones internacionales (entre ellas la Unión Europea) y AAPP de
algunos países, nos queremos referir a un conjunto de prácticas tendentes,
mediante el uso de las TIC’s y, en especial, de la red, a mejorar la eficiencia
interna y las relaciones de la administración con los ciudadanos. Lo que no
debería sorprender es que sea la Administración Local (sobre todo algunos
Ayuntamientos, de ciudades grandes y pequeñas[1]) la que haya desarrollado
con más intensidad algunas de las aplicaciones a que nos referimos, debido sin
duda a su mayor sensibilidad y proximidad a los ciudadanos, y a la inmediatez
de muchos de los problemas. Dichos sistemas de información y/o
relación con los ciudadanos pretenden articular respuestas eficaces a las
demandas ciudadanas entorno a dos temas clave: la transparencia de la
información y la gestión y la prestación de servicios online. Más
concretamente, para una administración determinada, se trata, basándose en un
uso inteligente de las TIC, de la construcción de una web (o un portal que dé
acceso a un conjunto de webs interrelacionadas), de: - Facilitar al máximo el ejercicio del
derecho de acceso a la información pública (no sólo en forma de documentos
oficiales sino también en forma de documentos de trabajo y estudios, proyectos,
etc.) - Facilitar el acceso a la información
relativa a los procesos de toma de decisiones, en sus diversas fases, y también
a la tramitación de expedientes administrativos en curso. - Facilitar la comunicación directa (vía
e-mail) entre el ciudadano y los responsables (políticos o funcionarios) de la
gestión de los asuntos públicos. - Facilitar a los ciudadanos, empresas
y entidades el acceso online a la prestación de los servicios de todo tipo de
la AP (certificados, licencias de actividades y urbanísticas, fiscalidad,
concursos y licitaciones, etc.), incluida la posibilidad de realizar pagos y
transacciones financieras. Cada uno de estos componentes
corresponde, por sí mismo, a toda una política, abriendo en su conjunto la
oportunidad de desarrollar un abanico de sistemas de información y software
específico en ámbitos administrativos interrelacionados, lo que implica la
exigencia técnica de introducir reformas que pueden ser importantes en los
circuitos administrativos. De aquí se deduce la importancia de la coordinación
entre administraciones análogas para compartir esfuerzos e integrar resultados.
En este sentido No obstante no puede minimizarse la
importancia para los ciudadanos de las aplicaciones de la Administración
Online que, en el ámbito estrictamente administrativo, pueden hacernos la vida
más fácil y que pueden, además, incluir criterios para hacer realidad las
pretensiones de igualdad de oportunidades en nuestras sociedades democráticas.
Por otro lado, una buena política de acceso a la información, que haga más
transparente la gestión pública es una condición necesaria, cuanto menos, para
que el ciudadano bien informado esté en condiciones de participar con una
opinión fundamentada sobre el tema o debate en cuestión. Además, aunque exista una buena
política de comunicación, que organice en el seno de una web de la AP
correspondiente foros y chats para debatir aspectos de sus políticas y su
gestión, se encontrará rápidamente con sus propios límites si no está
incardinada en una política activa de impulso a la participación o, al menos, no
constituye una respuesta sincera a la presión ciudadana. En ausencia de estas
condiciones, los debates terminarán haciéndose en el vacío, no existirán
estímulos lo suficientemente fuertes para que los ciudadanos expresen sus
opiniones, ni garantías o esperanzas de que hacerlo sirva para algo más que
para que la AP correspondiente se cuelgue
la medalla de la supuesta apertura a la sociedad. Es más, incluso la posibilidad de
mandar correos-e a un responsable político de una AP puede no ser lo
suficientemente interesante si no existe una garantía de respuesta o, como
mínimo, publicidad en la web de dicho mensaje, sin censura de ningún tipo. La
traducción del juego limpio en la red mediante un conjunto de normas objetivas
y consensuadas que garanticen el intercambio honesto de opiniones en un debate
es también una tarea pendiente, pero que admite aproximaciones provisionales de
diferentes grados. Sólo se precisa, de entrada, la voluntad sincera de
participar y de hacer participar, admitiendo claro está los riesgos inherentes
a todo debate abierto[3]. En resumen, en las aplicaciones de las
TIC’s en este el ciudadano se limita a aprovechar los canales abiertos por las
AAPP, sin que exista propiamente participación en la toma de decisiones
públicas, elemento éste que se incorpora en el segundo tipo. b. La Democracia Electrónica. Entendemos por aplicaciones de las
TIC’s como de "Democracia Electrónica" (o "Democracia
Digital" o e-Democracy) aquellas en las que existe al menos un
intento efectivo de ofrecer canales para la participación de los ciudadanos en
la toma de decisiones de las AAPP, diferenciándose así del grupo anterior. El campo de aplicaciones posible es
vasto y variado, y descansa como condición necesaria pero no suficiente en el
despliegue de aplicaciones del grupo A, en especial, el acceso efectivo a la
información puntual relativa a las diferentes fases del proceso de toma de
decisiones pero llegando más allá, con la inclusión de la posibilidad del
ciudadano de intervenir en el mismo. Las webs parlamentarias, por el
hecho de estar íntimamente ligadas a los procesos legislativos, son las que se
encuentran en una mejor situación para ofrecer vías de participación a los
ciudadanos, más allá de la simple información textual sobre los debates
parlamentarios. Habitualmente las vías que se ofrecen en este sentido son de
dos tipos: por un lado la posibilidad de enviar por e-mail comentarios
sobre un proyecto de ley (o alguna de las formas de moción o enmienda que se
establezcan) y/o sobre las posiciones de los grupos parlamentarios, dirigidos a
la comisión correspondiente o personalmente a algún parlamentario en concreto.
La segunda forma consiste en que un ciudadano (o un colectivo) pueda enviar, a
través de la web, textos de enmienda a un proyecto, pero que no podrán ser
oficialmente admitidos amenos que un grupo parlamentario los avale y los
incorpore como propios[4]. En lo que respecta a las AAPP, un
estudio realizado sobre las webs gubernamentales de 192 países ha puesto de
manifiesto la lentitud y la exagerada prudencia con que progresan las
aplicaciones en la red (tanto del tipo A como del B), en las que son los
gobiernos quienes deben tomar la iniciativa y asumir los costes de todo tipo
que se derivan. Y no estamos haciendo referencia sólo a los costes económicos
directos, que pueden ser importantes, sino también a los derivados de la
necesaria reorganización administrativa encaminada a la adaptación de los
procedimientos administrativos a las características y exigencias de la
prestación de servicios en la red (por ejemplo en el caso de los horarios…) así
como también, y no menos importante, a las posibles modificaciones legales de
los procesos administrativos para otorgar validez jurídica al funcionamiento en
la red. No obstante, para que la implementación
de las aplicaciones de las que estamos hablando sea posible y la participación
ciudadana sea efectiva, no es suficiente con la simple aplicación de la red a
los mismos procesos administrativos ya existentes, sino que será necesaria la
introducción de cambios y modificaciones legales con el objetivo de tomar en
consideración la especificidad del tratamiento digital de la información en
todas sus vertientes así como para otorgarle carta de naturaleza en dicho
proceso[5]. Vemos también que la participación ciudadana
en la red requerirá la constitución de colectivos o agrupaciones, bien sean
éstas permanentes (como las asociaciones de vecinos en una ciudad o las
asociaciones de consumidores y usuarios) o esporádicas, puntuales, que deberán
ser reconocidas como partes interesadas, en función de que cumplan los
requisitos legales para ello. De alguna forma podemos considerarlas como una
extensión de las posibilidades actuales de presentación de proyectos
legislativos desde la iniciativa popular, pero el campo de actuación es mucho
más amplio, y mucho más numerosas las posibilidades de mejora. En resumen, una de las claves a este
respecto se encuentra en la necesidad del reconocimiento de los sujetos
sociales habilitados para la intervención y regulación de los procesos y normas
a tal fín, aspecto éste indispensable para que el proceso de participación (sea
en la red o físicamente) pueda tener lugar de forma efectiva. La compleja
reglamentación de la participación de los ciudadanos en Porto Alegre nos da una
idea del tipo de normativas a que nos referimos y que deberá definirse cuando
se quiera hacer intervenir mediante
la red[6]. No obstante, no debe olvidarse que un
componente necesario de dicho proceso, previo a la participación propiamente
dicha o entendiéndolo como un elemento más de la participación, es el debate.
Esto es, el mecanismo mediante el cual se van clarificando progresivamente las
diferentes alternativas técnicas y opiniones sobre el tema objeto de la
discusión (en este caso en la red) con el objetivo final de llegar a definir un
grupo de opciones políticas entorno a las cuales los ciudadanos individuales,
en grupo o asociación manifestaran sus apoyos y/o críticas. El grado de
consenso que la decisión final por una ú otra opción sea capaz de generar sería
entonces la prueba de fuego respecto de la validez de de la participación
ciudadana. Es por ello que en este segundo grupo incluimos
los sistema de votación electrónica por internet, de los que cada vez existen
más y mejores pruebas experimentales[7]. Los principales problemas
en el debate sobre la generalización del uso del voto electrónico por internet
se centran en dos grandes líneas: por un lado el debate entorno a lo que
podríamos llamar la “vertiente conceptual”, esto es, los efectos que pueda suscitar
la participación electoral a través de la red sobre el concepto mismo de
democracia representativa, por cuanto podría suponer la eliminación de los
principales mediadores en dicho proceso, los partidos. Por otro lado, la segunda vertiente
crítica emplea un argumento doble, que desafortunadamente parece verse
confirmado por los datos de cada una de las pruebas conforme se van
desarrollando. Esta segunda línea de crítica incide no sólo en los aspectos
cuantitativos de sobre qué quórum sería necesario para validar una votación
electrónica sino también sobre los aspectos –por ahora difícilmente resolubles
con prontitud- de la seguridad en el voto (por ejemplo el debate entorno a los
procesos de firma digital) o los
escasos volúmenes de acceso a la red por parte de la mayoría de los ciudadanos.
Pero el argumento más utilizado en contra de una extensión paulatina del voto
electrónico es aquél que hace referencia al escaso atractivo del mismo, incluso
en ejemplos prácticos que debieran ofrecer índices de participación altos. Un ejemplo de ello, dramático, lo ha
ejemplificado la práctica de voto por internet en las elecciones a
representantes estudiantiles en el Claustro de la Universidad de Barcelona. A priori, puesto que los llamados a
participar eran estudiantes universitarios de quienes se supone interés en la
utilización de estas nuevas formas de participación, se esperaba una mejora
significativa de los índices de participación. Se había realizado una campaña
de información intensa e individual, con el fin de clarificar el procedimiento
a emplear y “asegurar” que los potenciales electores no tuvieran ningún
problema para emitir su voto. La realidad siempre suele ser más dura: en los
tres centros en los que se organizó la prueba piloto se obtuvo valores de participación
de menos del 3% de los estudiantes[8]. c.- Ciberdemocracia. Aunque soy consciente de la posible
confusión terminológica al emplear anteriormente el concepto de Democracia
Electrónica y ahora el de ciberdemocracia, pretendo con ello diferenciar el
supuesto papel activo de la sociedad en la reclamación de mayores cuotas de
democracia. Esto es, con la utilización diferenciada de ambos conceptos intento
plasmar la dirección de la
iniciativa: así bajo el epígrafe de ciberdemocracia caben todas aquellas
aplicaciones (webs, webzines, listas de noticias y
de distribución, foros, etc.) que constituyen el producto de la voluntad de los
diversos componentes de la sociedad civil. Los objetivos que persiguen son,
como no, variados, desde la mera propaganda subversiva, la defensa de intereses, la prestación
de servicios o simplemente (que ya es mucho) la difusión de mayores dosis de
información. La tipología de colectivos activos en
el ámbito de la ciberdemocracia es también muy amplia, pero básicamente podríamos
diferenciar tres grandes grupos: 1) En primer lugar, si bien serán
tratados de forma independiente más adelante, encontramos a los partidos
políticos y a los políticos, individualmente considerados. Actores centrales
hasta ahora del proceso democrático, su incorporación a la red está siendo cada
vez más progresiva, pero como veremos más adelante, es una incorporación
condicionada por ciertas reticencias a la incertidumbre que despierta la
evolución de las TIC’s. 2) Un segundo grupo, importante y
numeroso, es el formado por las webs de asociaciones cuyo objetivo podríamos
definir como político, y que han sido creadas específicamente para debatir los
problemas de la democracia (en especial entorno al debate sobre la
reformulación de la democracia y la superación de los procesos
representativos), llegando hasta la crítica de los procesos actuales de
globalización. Son grupos defensores de la reforma de la democracia
representativa, con el objetivo final de convertirla en democracia
participativa, convencidos de que sólo con la presión ciudadana desde fuera del
sistema se podrá obtener dicho cambio gradual. Ampliar
la visibilidad del debate sobre un tema concreto hasta conseguir que los
poderes institucionales lo incluyan en su agenda es el objetivo de los "Electronic
Town Meetings" (como en los casos de Calgary sobre la eutanasia). Junto a estas asociaciones encontramos
también aquellas que, desconfiando de la viabilidad de dicho método
gradualista, preconizan métodos de democracia directa, reclamando que sean los
ciudadanos quienes ejerzan efectivamente
el poder decisorio sobre cualquier tema. Unas de las características comunes a
estos planteamientos es su reclamación de una suerte de continuidad, apelando a la utilización generalizada del referéndum
(por lo general con respuestas dicotómicas, "sí" o "no")
así como la realización de votaciones específicas, hasta convertir la política
en una suerte de proceso plebiscitario
permanente. Desde este punto de vista, a los representantes
electos sólo les quedaría la tarea de definir los términos de la votación,
proponiendo y presentando a debate las diferentes alternativas y, naturalmente,
también deberían garantizar los mínimos técnicos para la corrección del
proceso. En cualquier caso, debemos tener presente que la multiplicación y
extensión de votaciones generales de carácter vinculante exigen una
concienciación política muy elevada entre la ciudadanía o, dicho en otras
palabras, un alto grado de cultura política. Ello supone, obviamente, que la
ciudadanía debería contar con un elevado nivel de información (no sólo cuantitativamente
hablando, sino también y sobretodo cualitativamente) y que habrá tenido la posibilidad
de reflexionar y debatir ampliamente sobre todos los aspectos de la cuestión, a
fin de garantizar que su voto sea real y efectivamente informado y reflexivo. Es ésta una de las paradojas de difícil
resolución, puesto que dicha exigencia adopta la forma de “pescadilla que se
muerde la cola”, puesto que en el supuesto que la ciudadanía tuviera dicho grado
de capacidad analítica y discursiva seguramente la actuación colectiva
ejercería un control tan exhaustivo sobre la acción política de gobierno que
éste no tendría más remedio que ser y actuar de forma totalmente transparente,
por lo que las pretensiones de democracia directa formuladas anteriormente
carecerían de justificación. 3) En fin, aumentar el nivel de
información y de la concienciación política de la ciudadanía se convierten en
sí mismos en objetivos no sólo saludables
política y democráticamente, sino en exigencias inexcusables en cualquier
intento de mejorar el funcionamiento de nuestra vida en sociedad. Ello
encuentra un excelente campo de aplicación para el tercer grupo, constituido
por las múltiples webs creadas, mantenidas y dinamizadas por las redes
ciudadanas. Éstas tienen en común su intención de contribuir de manera efectiva
a la mejora de las relaciones entre los ciudadanos en su actuación social,
abarcando multitud de ámbitos y también, como no, la vida política, en especial
la vida política local[9]. Todos estos grupos, en su conjunto,
forman el tejido básico de la tan reivindicada sociedad civil de un país, y son a su vez indicadores del empuje y
la independencia de la opinión pública (no siempre o muy pocas veces
coincidente con la opinión publicada).
Como colofón debemos iterar que estos espacios de la ciberdemocracia tienen en
común, más allá del eventual descontento sobre el funcionamiento de las
democracias actuales (desde su
crítica a las fórmulas convencionales de participación hasta la propuesta de otro
mundo es posible), la esperanza del éxito de las reformas mediante la
presión ciudadana, sea ésta esporádica o continuada. d.- Ciberpoder. Al ir desarrollando esta propuesta algo
arriesgada de diferenciación dentro del magma
de los distintos fenómenos o plasmaciones de la actuación socio-política
dentro de la red, por ciberpoder quiero
referirme a aquellos grupos o colectivos que, directamente, dejan de lado
cualquier manifestación posibilista (independientemente del grado de extremismo
de la misma) para defender y promover la acción directa y la desobediencia
civil. Entre éstas son conocidas muchas ONG’s
que utilizan Internet como base para sus labores solidarias con el Tercer
Mundo, particularmente importantes en momentos de emergencias humanas y
catástrofes naturales. También encontramos, obviamente, otras que, dejando de
lado las de adscripción anarquista o ácrata, han llegado a la convicción de que
la deriva ultraliberal de la globalización es la responsable de catástrofes humanas
y económicas a nivel mundial. Deriva que, en forma de pensamiento único, se ha
vehiculado por las organizaciones económico-financieras supranacionales (OMC,
Banco Mundial): en primer lugar, provoca graves problemas de desigualdad
creciente entre países ricos y pobres; en segundo lugar, deja al mundo sin
ningún tipo de control democrático y en manos de los grandes poderes
oligopólicos y financieros de corte especulativo (el llamado eufemísticamente mercado) y, en tercer lugar, reduce el
poder de los gobiernos sobre la economía de sus propios países. Así, frente a la impotencia y/o
inacción de los gobiernos democráticos (independientemente de la adscripción
ideológica que sean) han sido unos centenares de ONG’s, asociaciones y redes
(equivocadamente llamadas “antiglobalización") los que han pasado a la
acción, haciendo servir su voz cada vez más fuerte, desde Seattle a Génova,
denunciando problemas y elaborando propuestas. Propuestas dirigidas, por
ejemplo, a la regulación de las transacciones financieras internacionales (Tasa
Tobin), la condonación de la deuda externa o la potenciación de la ayuda al
Tercer Mundo, etc. (i.e. ATTAC, presente en 32 países). Lo que interesa
destacar en este sentido es el papel que ha jugado la red, fundamental tanto en
las fases de recopilación de información, reflexión, estudio y debate, como en
las tareas de concertación y organización de las acciones y manifestaciones
que, debido a su alcance mundial y a la urgencia de las mismas, hubieran sido
imposibles de gestionar sin la red. Los partidos políticos ante la red. Un intento de análisis. A partir de todo lo que hemos expuesto hasta ahora queda
claro que la red, Internet o las TIC’s presentan un potencial de cambio y
modificación de la realidad política y social nada desdeñable. No obstante, y
como hemos también venido sosteniendo entre líneas, gran parte de dicho
potencial transformador se encuentra condicionado por el papel que quieran
asumir en ese proceso los principales actores dentro del ámbito político: los
partidos políticos. Como en el caso de otros actores sociales, los partidos
políticos se han estado adaptando, bien sea por su propia decisión o bien sea
por necesidad, al nuevo entorno de las TIC. Actualmente más de un millar de
partidos están presentes en la red, incluyendo a más de la mitad de los
principales partidos del mundo. El ciberespacio se ha convertido en el equivalente
virtual del Hyde Park Corner, por lo que en función de los intereses de cada
cual puede “visitarse” la plataforma de los comunistas mongoles, encontrar las
últimas noticias sobre el Congreso Nacional Africano, seguir los discursos de
los líderes japoneses del LDP, firmar en el libro de visitantes de la
Organización para la Liberación de Afganistán, consultar la historia del Sinn
Fein o afiliarse a los verdes alemanes. A partir de aquí, y desde un punto de vista claramente
“ciber-optimista”, se cree que este desarrollo contribuirá al proceso de
revitalización del rol de los partidos en la democracia representativa,
facilitando las comunicaciones entre los ciudadanos y el estado, así como
otorgando mayores niveles de apoyo a dichas instituciones. No obstante, no debe olvidarse otro punto de vista, el
“ciber-pesimista”, desde el que se expresan dudas acerca de la capacidad de
internet para funcionar más allá que un simple pizarrón colectivo, albergando
grandes cantidades de propaganda política pero con escasas (por no decir nulas)
capacidades de interacción real y efectiva. Es así como consideramos que los
partidos políticos están afrontando el reto de la red, de ahí que hayamos
presentado nuestras reflexiones con un castizo
«¡que inventen ellos!», con el objetivo de señalar el estado de reticencia
de los partidos ante la posibilidad de implicarse efectivamente en la red. Podemos, además, aproximarnos a cual sea la realidad de
los partidos políticos en la red, realizando un censo de la presencia de éstos en la red. Una primera cuestión a
destacar en este censo es el hecho de
que internet se encuentra aún, al menos en el ámbito de los actores políticos,
en una etapa de adolescencia. Así los
datos generales muestran como sólo una media de 7,3 partidos se encuentra en la
red a nivel mundial, pero rápidamente debemos reparar en las diferencias que
aparecen entre las distintas zonas geográficas. Así, las diferencias son
abismales entre Norteamérica y Europa occidental, muy por encima de la media
mundial. Si bien en el caso europeo la presencia de partidos políticos en la
red parecería, a la luz de los datos, ciertamente relevante, posteriormente
veremos que los contenidos de dichas webs no sobrepasan en la inmensa mayoría
de los casos la simple información propagandística para consumo de sus
afiliados o simpatizantes. Más
interesante, en especial si procediéramos al análisis de cada web individualmente,
son los valores obtenidos en Norteamérica, donde los EEUU aparecen
paradójicamente como el país con más webs de partidos políticos del planeta. La
paradoja, obviamente, estriba en el hecho de que EEUU es, precisamente y como
es bien sabido de todos, el país del mundo donde la presencia de los partidos
políticos es, por decirlo en palabras suaves, más débil. Los partidos
norteamericanos, simples maquinarias electorales, no son homologables ni en
organización ni en roles socio-políticos a los partidos europeos, ni tan
siquiera a buena parte de los partidos centro y sudamericanos. Más
allá de esta puntualización, nótese la gran diferencia entre estas dos zonas
geográficas, por otro lado las más avanzadas tecnológicamente y económicamente
del planeta. Argumento éste que vendría a poner otra vez de manifiesto los
peligros de una división digital en
el mundo con respecto al acceso y utilización de las TIC. No
obstante, aún siendo éste un dato relevante, para nuestro objetivo es de mayor
interés constatar qué contenidos y qué servicios, en definitiva, cual es la apuesta de los partidos frente a la red.
Habitualmente las webs proveen informaciones básicas acerca de la historia del
partido, el programa político del mismo, la organización básica y las notas de
prensa. Igualmente suelen incluirse información biográfica de los candidatos
del partido en los diferentes ámbitos político-territoriales así como enlaces (links) a otros webs. También
es habitual que desde dichas webs se anime a los cibervisitantes a unirse al partido, en algunos casos con
servidores seguros para la obtención de la membresía electrónica. Por otro
lado, un buen porcentaje de las webs ofrecen la posibilidad de contactar a los
cargos del partido mediante el correo electrónico. En
todo caso los contenidos varían significativamente entre los diferentes tipos
de partidos, de manera que los grandes
partidos ofrecen mayores funciones de información y comunicación que los
partidos pequeños y/o testimoniales.
Más allá de dicha diferenciación sólo merece destacarse la utilización de los
partidos verdes, quienes se han caracterizado por una mayor aplicación y
adaptación de las múltiples funciones inherentes al nuevo medio[10]
(ver nota 24). Asimismo, una de las claves explicativas de la presencia y contenidos
de los partidos políticos en la red, dejando de lado la ya planteada reticencia
hacia la apertura de los canales participativos en la red, es la difusión tecnológica, medida por la
proporción de población con acceso a la red, junto con indicadores de
desarrollo socioeconómico. En
este sentido los datos demuestran que las economías industrializadas presentan
unos valores más elevados en lo que hace referencia al acceso a las múltiples
formas de interacción propias de las TIC’s, incluyendo los viejos medios de comunicación como los teléfonos y las
televisiones. Así, lógicamente, las facilidades para la expansión de los
partidos en la red son mayores, si bien no debe obviarse que las reticencias de
los actores siguen estando presentes. Es por ello que los partidos tienen
mayores facilidades para disponer de las infraestructuras para crear y mantener
sus respectivas webs en aquellos países capacitados para la utilización de las
tecnologías digitales, así como que el incentivo para competir por la atención del
electorado es mucho mayor en aquellos países en los que la mayoría de la
población está conectada. Hasta tal punto esta correlación entre desarrollo
tecnológico y económico es determinante, que a partir de dicha situación de
acceso generalizado a las TIC’s no puede establecerse ninguna relación
especialmente significativa entre el nivel de democratización del país y la
densidad de los partidos on-line. Ejemplos
de dicha variación es la proliferación de webs partidistas en países como los
EEUU, Canadá o España, mientras que en pequeñas democracias como Barbados,
Trinidad y Tobago o Micronesia apenas podemos encontrar un partido presente en
la red. Ello sugiere que una vez se cuenta con un nivel elevado en el
desarrollo socioeconómico y tecnológico, el nivel de democratización per se no nos permite explicar el
tránsito de los partidos políticos hacia la red. El correlato a esta
argumentación es que la Sociedad de la Información ha puesto a disposición
mayores recursos políticos en la red, por lo que el proceso de democratización,
más que la propia noción de democracia consolidada, ha afectado en mayor medida
la presencia de los partidos en la red. En
resumen, de entre todas las diferentes vertientes de las tecnologías digitales,
la utilización de los correos electrónicos es claramente el factor más
importante para el reforzamiento y la operatividad on-line de las
organizaciones partidistas. Su amplia difusión entre la ciudadanía hace que
sean más usados que los mecanismos alternativos como el uso de chats, las
video-conferencias o sus equivalentes. ¿Cuáles serán las consecuencias de estos
desarrollos para la democracia representativa? Tal y como hemos apuntado con
anterioridad, la situación actual parece apuntar hacia una situación de
relativo estancamiento de la presencia de los partidos políticos en la red, en
especial por lo que respecta a los servicios prestados por éstos. Si
bien uno de los condicionantes con que se encuentran los partidos en su
presencia en la red es el nivel de desarrollo socioeconómico por cuanto ello
supone contar con un público
potencial más o menos amplio, ciertamente somos de la opinión que la necesaria bidireccionalidad en la comunicación e
interacción de los partidos con los ciudadanos deberá superar aún una
reticencia importante en el seno de éstos: la asunción clara y rotunda de la
necesidad de someterse plenamente a la transparencia
informativa frente al conjunto de la ciudadanía, con el imprescindible
correlato de responsabilidad y capacidad de dar respuesta a las múltiples preguntas
desde la sociedad civil y que, demasiado a menudo, quedan sin respuesta debido
a criterios de oportunidad política. - - - - - - - - - - - -
- - - - Dr.
Josep Mª Reniu i Vilamala Dept. Derecho Constitucional y Ciencia Política Universidad de Barcelona Correo-e: jreniu@ub.edu Doctor en Ciencia Política y de [1] Una de las líderes en Europa en estos procesos es Barcelona. A fin de captar la amplitud de la información y
de los servicios disponibles, véase su web http://www.bcn.es
, a través de la cual los ciudadanos de Barcelona pueden realizar interactivamente
más de 50 trámites, desde la solicitud de planos urbanísticos hasta el pago de
impuestos, pasando por la petición del certificado de convivencia (en base al
Padrón Municipal de Habitantes), por poner unos ejemplos. En el caso de Ayuntamientos más pequeños
destaca en España el de Jun, en Granada, pionero en la aplicación de la red a [2] A lo sumo, las más habituales formas de participación
ciudadana que encontramos en las webs de las AAPP se limitan a la mera observación participante en la discusión
de temáticas menores, sin ninguna
capacidad decisoria real. Un ejemplo de ello puede verse en el llamado “espacio
de participación ciudadana” del Ayuntamiento de Vic, donde a partir de la
tecnología del proyecto Consensus se abre a consulta [3] Un ejemplo de ello es la “Netiquette”, o código ético
para la participación en los foros y debates del entorno “Consensus” [4] Uno de los casos más notables es el auspiciado desde [5] Un ejemplo de ello es que no será suficiente con que
un ciudadano mande el texto de una enmienda legislativa a una web
parlamentaria, esperando que algún partido la haga suya, la incorpore dentro de
su actividad legislativa. Deberá establecerse también las condiciones en que
dicha enmienda, mediante su aceptación formal en la red por parte de un número
determinado de ciudadanos) sea considerada legalmente una enmienda a la ley o
proyecto en cuestión. [6] Aparte de la misma web de Porto Alegre (http://www.portoalegre.rs.gov.br/Op/default.htm)
, puede seguirse la experiencia de los presupuestos participativos también
desde la red ciudadana de “Démocratiser
Radicalement la démocratie”: (http://www.budget-participatif.org)
. [7] Si bien la primera experiencia de voto en internet
tuvo lugar en Minnessota (EEUU) en 1994, éste ha sido uno de los ámbitos que ha
suscitado mayor interés y sobre el que no podemos detenernos aquí, si bien abre
un abanico enorme de sugestivos temas e implicaciones. Además de los trabajos
de Pippa Norris (A digital divide: civic
engagement, information poverty and the Internet in democratic societies. [8] Tres fueron los centros seleccionados por el
Vicerrectorado de Alumnos de
[9]
Ante una realidad tan
prolija como ésta sería absolutamente pretencioso intentar ni siquiera enumerar
algunas, por cuanto este es el ámbito quizás más desarrollado de toda la
presencia social en la red. Sin ningún genero de dudas, en todos los países han
proliferado estas redes, pudiéndose citar como caso paradigmático la respuesta
de la sociedad civil argentina ante la reciente crisis política, social y
económica del país. [10]
Los ejemplos más
llamativos de ello son los Green Links
en Holanda, Les Verts en Francia así
como Dei Greng en Luxemburgo. |